| Buenos
Aires, 17/7/2008, (Ecoestrategia-Agencias).- En
momentos en que el precio de la soja, principal cultivo
de exportación de Argentina, alcanza niveles récord
en los mercados internacionales, expertos en agricultura
familiar y entidades ambientalistas alertan sobre el severo
impacto social y ambiental del monocultivo.
Con 16,6 millones de hectáreas, más de la
mitad de la tierra cultivada actualmente en el país
austral, la oleaginosa, que ya cotiza en torno a los 600
dólares por tonelada, se expande a expensas del maíz,
el trigo, los cítricos y la ganadería, entre
otras actividades agropecuarias. Este avance seguirá
pese al polémico incremento del impuesto a la exportación.
“El modelo de la soja se considera de boom y colapso
como sucede con la pesca, la minería o la explotación
intensiva de la madera”, advirtió Jorge Cappato,
de la Fundación Proteger. “Se presiona un ecosistema
por encima de su capacidad de carga para obtener enormes
ganancias a corto plazo a costa de los recursos”,
explicó.
El área sembrada de soja creció 126 por ciento
en una década y, según señalan organizaciones
no gubernamentales, se propaga en perjuicio no sólo
de otros cultivos y actividades. Avanza además desplazando
bosques nativos con su rica biodiversidad y áreas
de agricultura familiar y pertenecientes a pueblos originarios.
“En los últimos nueve años, según
datos oficiales, se perdieron 2,5 millones de hectáreas
de bosques nativos, sobre todo en el norte del país,
y esto en gran medida se debe a la deforestación
para sembrar soja, un cultivo que va arrinconando a las
demás actividades”, señaló Hernán
Giardini, portavoz de de Greenpeace Argentina.
“El modelo de la soja hace agua por el impacto social,
ambiental, sanitario y económico en el mediano y
largo plazo. Destruye la agricultura familiar y empuja a
los trabajadores rurales a las ciudades”, aseguró
Jorge Cappato.
|