| Rio
de Janeiro, 17/11/2004. (Tierramérica).-
Células vivas de miembros de las comunidades karitiana
y suruí de Brasil se ofertan actualmente en 85 dólares
en la red internet. El gobierno brasileño pidió
detener lo que calificó como una “venta ilegal”,
llevada a cabo por el estadounidense Instituto Coriell,
que posee la mayor colección mundial de cultivos
de células humanas en casi un millón de recipientes.
El gobierno de Brasil pidió a Interpol, la policía
internacional, que intervenga en lo que califica de venta
ilegal de material genético de sus pueblos indígenas
por parte de un centro de investigación estadounidense.
Células vivas de individuos de las etnias brasileñas
karitiana y suruí, y de otros grupos indígenas
de Sudamérica y América Central, pueden comprarse
por 85 dólares, mediante un sitio de Internet (http://coriell.umdnj.edu/),
al Depósito de Células Coriell, una división
del Instituto Coriell de Investigación Médica.
Ese instituto de estudios biomédicos, independiente
y sin fines de lucro,tiene sede en la nororiental ciudad
estadounidense de Camden, y ofrece elmaterial con la intención
declarada de que se use sólo para investigación.
Mercio Pereira, presidente de la brasileña Fundación
Nacional del Indio (Funai), pidió el 1 de octubre
a la policía federal de su país que investigara
el caso, y la embajada brasileña en Estados Unidos
trata de que la oferta sea retirada del sitio en Internet
de Coriell, según el Ministerio de Relaciones Exteriores
de Brasil.
A fines de los años 90, el mismo tipo de material
genético fue puesto a la venta por Coriell. La Funai
amenazó con suspender todas las autorizaciones de
investigación médica con pueblos indígenas,
y representantes de comunidades nativas presentaron una
queja formal.
Pat Mooney, de la organización no gubernamental
(ONG) Grupo de Acción sobre Erosión, Tecnología
y Concentración, explicó a Tierramérica
que ese grupo se opone, como otros de la sociedad civil,
a que las corporaciones patenten plantas y animales, en
actos calificados de "biopiratería".
En este caso, "aunque el ADN (ácido desoxirribonucleico,
soporte de la información genética) y los
genes de pueblos indígenas no sean patentados,la
información obtenida de su material genético
se transforma en drogas patentables", adujo.
El Depósito Coriell posee la mayor colección
mundial de cultivos de células humanas, en casi un
millón de recipientes. Esas células, obtenidas
de muestras de piel o de sangre, se conservan vivas por
tiempo indefinido, en animación suspendida a temperaturas
extremadamente bajas.
El ADN obtenido de esos cultivos es usado para investigaciones
médicas que buscan nuevos tratamientos para cáncer,
mal de Alzheimer, diabetes, síndrome de Down y enfermedades
cardíacas, entre otras, según se indica en
el sitio de Coriell.
Desde 1964, 120 mil muestras celulares y cerca de 100 mil
muestras de ADN han sido vendidas a científicos de
55 países, en transacciones autorizadas por la ley
estadounidense. La mayor parte del material del Depósito
no fue recolectado directamente por investigadores de Coriell,
sino por otros científicos e instituciones.
El centro de la cuestión es si las muestras de los
karitiana y suruí fueron obtenidas con consentimiento
pleno e informado de los interesados y del gobierno brasileño,
y si hay garantías de distribución equitativa
de conocimientos o dinero generados a partir de ellas.
Hace más de una década que se divulgan informes
sobre recolección de sangre de los karitiana y suruí
que terminaron en manos de instituciones o empresas extranjeras,
sin que la Funai haya autorizado la recolección de
muestras, dijo a Tierramérica Raimundo José
Lopes, jefe de gabinete de la presidencia de ese organismo,
quien preparó el pedido de investigación policial.
El médico brasileño Hilton Pereira da Silva
fue acusado en 2002 ante la justicia federal de su país
por haber recolectado sin autorización sangre de
indígenas karitiana en 1996, en el marco de una filmación
y con la excusa de que lo hacía para diagnosticar
enfermedades, dijo a Tierramérica Maria Cecilia Filipini,
abogada en el occidental estado brasileño de Rondonia
del católico Consejo Indigenista Misionero.
El proceso contra ese médico, iniciado por el ministerio
público, avanza lentamente por dificultades para
interrogar a Pereira da Silva, que al parecer reside actualmente
en Estados Unidos. La fiscalía descubrió que
tenía relaciones con la industria farmacéutica
extranjera, y sospecha que vendió muestras de sangre
en forma ilegal.
La Funai ha tratado de impedir la recolección indebida
de material genético,mediante crecientes controles
y restricciones de la investigación en territorios
indígenas, de las que se quejan científicos
brasileños.
Cualquier investigación en reservas indígenas
requiere autorización de la Funai, del Consejo Nacional
de Desarrollo Científico y Tecnológico (del
Ministerio de Ciencia y Tecnología) y otras instituciones
estatales.
La Funai debe consultar al grupo indígena para saber
si acepta recibir a los investigadores, cuyas actividades
supervisa, informó a Tierramérica el coordinador
de estudios e investigaciones de ese organismo, Claudio
Romero.
Pero la tecnología moderna permite que muestras
de sangre de la etnia yanomami, obtenidas hace 40 años
en Brasil y Venezuela, aún sean comercializadas,
así como las de la etnia ticuna, del oeste de Brasil,
recolectadas a mediados de los años 70, escribió
Bruce Albert, director de investigaciones del Instituto
de Investigación para el Desarrollo, con sedes en
Sao Paulo y París.
Las células de los ticuna se han empleado en una
investigación inmunológica en gran escala,
y una de las mayores transnacionales farmacéuticas
las usó para profundizar su comprensión del
sistema inmunitario humano, indicó Albert en un trabajo
publicado por el periódico electrónico Antropología
Pública: Ideas Atractivas 2001. |