| Caracas,
7/4/2005 (IPS).- La esperanza de ver una cotorra cabeciamarilla
(Amazona barbadensis) puede ser motivación suficiente
para los observadores de aves, quienes, binoculares en mano,
emprenden la misión de identificar la mayor cantidad
posible de especies en una jornada, para conocer su hábitat,
costumbres y factores de amenaza.
En América Latina la observación de aves
cobra adeptos de todas las edades y ocupaciones. Con la
guía de expertos y el apoyo de grupos locales o coaliciones
ambientalistas, como Birdlife International, estos apasionados
admiradores de las aves las buscan en parques, ríos,
sabanas, humedales y bosques.
Colombia y Venezuela, en el primer y quinto lugar de diversidad
biológica de América Latina, organizan conteos
periódicos de aves para obtener información
que llene sus bases de datos y les permita definir líneas
de acción para la recuperación de especies.
"La Red Nacional de Observadores de Aves (RNOA) tomó
la iniciativa de coordinar los censos de estas especies
en Colombia desde hace cuatro años. Antes las asociaciones
y grupos ornitológicos realizaban estas actividades
por su cuenta, lo que no permitía la unificación
y estandarización de la información",
dijo a Tierramérica la coordinadora de la red, Camila
Gómez.
Los censos ayudan a saber cuántas especies existen,
así como a conocer la permanencia de cierto número
de individuos en distintas localidades a través del
tiempo. "Conocer cuántas especies hay en un
país es útil para la conservación.
¿Cómo saber qué hay que conservar si
no se sabe lo que hay?", cuestionó la experta.
Nueve por ciento de las mil 800 especies de aves de Colombia
soporta algún grado de riesgo. "La reducción
del hábitat, su uso inadecuado y la falta de conocimiento
son las causas principales de amenaza", comentó
Gómez.
Los hábitat más vulnerables son los humedales
de tierras altas, las ciénagas, los bosques húmedos,
secos y andinos y las sabanas naturales. "Las especies
más amenazadas son las endémicas, las que
presentan rangos de distribución reducidos y las
víctimas de la caza o comercio ilegal de especies",
indicó.
En el caso venezolano, la observación de aves se
remonta a la década de 1970. Más tarde empezaron
a realizarse avistamientos de Navidad, siguiendo la tradición
de países como Estados Unidos.
"Más recientemente seguimos también
la iniciativa de Birdlife International, que organiza un
conteo conjunto de varios países en el mes de octubre",
dijo a Tierramérica la integrante de la organización
no gubernamental Audubon de Venezuela, Clemencia Rodner.
Venezuela cuenta con mil 490 especies de aves, y entre
las más amenazadas están las que habitan los
bosques. La extensión de la frontera agrícola
y de actividades mineras representa un serio peligro para
la vida de muchas de las aves, señaló Rodner,
cuya organización lidera la actividad de avistamientos
en el país.
La guacamaya verde y la cotorra cabeciamarilla fueron identificadas
como "en peligro" durante el último conteo
en octubre de 2004.
En otros casos, la presión humana se cierne sobre
especies buscadas por su carne, como las que pertenecen
a la familia de los tinámidos (gallinas de monte
y soisolas, entre otras gallináceas), no sólo
en Venezuela, sino en toda América del Sur.
En países como Brasil y Colombia, líderes
en biodiversidad, la extinción amenaza a 114 y 77
especies, respectivamente. En Venezuela se han identificado
al menos 40 especies endémicas en peligro de desaparecer.
Datos de Birdlife International estiman que de las nueve
mil 170 especies de aves en el mundo, cuatro mil 500 (45
por ciento) se encuentran en América. De esa cifra,
649 corren riesgo de extinguirse antes deL 2020. |