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Río de Janeiro, 21/12/2005, (IPS).- La denuncia
del ingreso ilegal de maíz transgénico al
sur de Brasil, cruzando la frontera con Argentina, causó
alarma entre funcionarios y especialistas quienes advierten
que sus efectos ambientales podrían ser más
graves que los del contrabando de soja nueve años
atrás.
El diputado Frei Sergio Gorgen, de la Asamblea Legislativa
del meridional estado de Rio Grande do Sul, denunció
ante la Fiscalía a la empresa Agropecuaria Campesato
por vender semillas de maíz genéticamente
modificado, después de comprobar una denuncia anónima
recibida el mes pasado.
Según Gorgen, la variedad transgénica comercializada
por esta pequeña firma del interior del estado provendría
de Argentina y pertenecería a la corporación
de biotecnología Monsanto, que ha estado en el centro
de las polémicas brasileñas sobre transgénicos
desde 1996, cuando su soja RR se diseminó ilegalmente
también en Rio Grande do Sul.
La soja transgénica alcanzó más de
80 por ciento del área sembrada, según estimaciones
de los cultivadores, y se expandió a otros estados.
El maíz es distinto, puede afectar el ambiente y
la agricultura de forma más grave que la soja, dijo
a Tierramérica Claudio Langone, secretario ejecutivo
del Ministerio de Ambiente, función que equivale
al de viceministro. Por ser una especie de polinización
directa, el gen que le fue agregado a la variedad modificada
puede contaminar el maíz convencional, arguyó.
El semanario Brasil de Fato, vinculado al Movimiento de
los Sin Tierra, señaló que parte del maíz
contrabandeado contenía el gen GA21, usado en la
variedad RRGA21 de Monsanto, resistente al glifosato. Sin
embargo, la transnacional estadounidense dijo desconocer
la procedencia del maíz y rechazó el comercio
y la siembra de semillas ilegales, "sean convencionales
o transgénicas".
"Es una irresponsabilidad" introducir el maíz
así en el país, cuando ya está vigente
la ley que regula la actividad con transgénicos,
y su expansión puede tener consecuencias "trágicas",
por el impacto ambiental que puede ser irreversible y los
daños en la credibilidad de la agricultura brasileña,
perjudicando las exportaciones, dijo Langone.
El Congreso legislativo aprobó en marzo la Ley de
Bioseguridad, que abrió las puertas a la investigación,
desarrollo y producción controladas de organismos
transgénicos, contrariando a los ambientalistas.
Las investigaciones biotecnológicas que Monsanto
hace en Brasil están autorizadas por el órgano
competente, la Comisión Técnica Nacional de
Bioseguridad (CTNBio), aseguró la empresa en una
nota pública. Eso incluye las variedades de maíz
YieldGard y Roundup Ready (RR), resistentes a insectos y
al herbicida glifosato, respectivamente, y aún no
permitidas en la producción comercial en el país.
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