Barcelona, 19/2/2010, (Ecoestrategia).- Coincidiendo
con la realización esta semana en Barcelona del Mobile
World Congress, una cita internacional en la que los principales
fabricantes de teléfonos móviles junto a otras
empresas del sector mostraron las innovaciones tecnológicas
y las oportunidades de negocio de la telefonía móvil,
el Instituto Jane Goodall (IJG) llamó la atención
sobre el hecho de que la gran demanda de coltán en
la fabricación de estos aparatos genera graves consecuencias
sociales y medioambientales en el continente africano.
El coltán, contracción del nombre de dos
minerales, la columbita y la tantalita, es un elemento
superconductor altamente utilizado en la fabricación
de componentes electrónicos para teléfonos
móviles, vídeo consolas, y ordenadores.
Los principales yacimientos de este mineral se hallan
en Australia, Brasil y Canadá, pero alrededor del
80% de las reservas mundiales se encuentran en la República
Democrática del Congo, donde la gran demanda global
de coltán y su alto precio de mercado es el motor
de la guerra por el control de los recursos mineros que
ya ha producido millones de muertos y refugiados, generado
graves conflictos sociales y medioambientales.
En ese conflicto bélico intervienen grupos armados
de distintos orígenes, que a través de la
minería ilegal explotan mano de obra infantil y
semiesclavizada, destruyendo además los hábitats
de muchas especies como los chimpancés y gorilas,
en grave peligro debido a la caza furtiva y la deforestación,
incluso dentro de parques nacionales naturales.
Ante este problemática y con el apoyo de la primatóloga
Jane Goodall, embajadora del Año del Gorila 2009
y Mensajera de la Paz por Naciones Unidas, el Instituto
Jane Goodall España ha organizado la campaña
“Movilízate por la selva”, en la cual
se puede participar a través de de la web www.movilizateporlaselva.org.
Según la Unión Internacional de Telecomunicaciones
(UIT), el número de suscripciones de teléfonos
móviles o celulares alcanzará los 5.000
millones este año. La industria está impulsada
por los servicios de avanzada que se brindan en los países
industrializados y el uso cada vez mayor de los móviles
para transacciones bancarias en las naciones en desarrollo.
En España existen 54 millones de teléfonos
móviles en activo, sin contar aquellos terminales
en desuso y cuyos componentes pueden ser reciclados.
Reciclar es gratis
Hoy
en día, en España, tan sólo se recicla
el 5% de los teléfonos móviles desechados.
Sin embargo, cualquier persona puede enviar gratuitamente
el móvil (o los móviles) que ya no use descargando
la etiqueta pre-franqueada en la web de la campaña,
o solicitándola por email.
Puede imprimirse la etiqueta en blanco y negro o fotocopiarla,
para enviar teléfonos móviles que estén
o no en funcionamiento, con su respectiva batería
(pero sin cargador ni tarjeta SIM ni otro elemento). También
se pueden depositar móviles en las urnas habilitadas
en los lugares mencionados en la web. Por cada aparato,
la compañía recicladora Fonebank aportará
una parte de su valor al Instituto Jane Goodall, según
el modelo del terminal.
A su vez, el IJG sorteará mensualmente apadrinamientos
del programa de rescate de chimpancés “Chimpamig@s”
entre los donantes, como agradecimiento y para mostrarles
el impacto positivo de su aportación.
Aportando sus móviles en desuso los ciudadanos
ayudarán a reutilizar terminales y reducir la insostenible
demanda de sus componentes; a reciclar elementos útiles
y disponer adecuadamente de materiales tóxicos,
evitando la contaminación del medio; y a recaudar
fondos para los programas de apoyo al desarrollo de ciudadanos
congoleños, y a los programas de educación
y conservación en la República del Congo,
como el del Centro de Recuperación de Chimpancés
de Tchimpounga.
El Instituto Jane Goodall se creó en 1977 y actualmente
cuenta con sedes en 27 países. Lleva adelante programas
de investigación de la vida salvaje, conservación
y educación en Tanzania, Guinea, Congo, República
Democrática del Congo, Sierra Leona, Sudáfrica
y Uganda.
En España, el IGJ desarrolla actualmente, entre
otras iniciativas, el programa de educación ambiental
BioDiverCiudad (www.bidiverciudad.org),
el programa de apadrinamiento Chimpamigos para apoyar
al Centro de Recuperación de Tchimpounga en Congo,
y otros proyectos de conservación y desarrollo
en África que se engloban en el programa de ecoturismo
responsable Ecoviajeros (www.ecoviajeros.org).
La guerra del coltan
Aunque
la cobertura de la telefonía móvil en África
es muy limitada (unos 8 teléfonos por cada 100
habitantes), un sangriento conflicto se desarrolla allí
entre los llamados “Señores de la guerra”
por el control de la explotación del coltan, materia
prima indispensable para la industria de la telefonía
móvil.
En las provincias del este de la República del
Congo se encuentra el 80% de las reservas mundiales de
coltan, y allí se ha desatado un enfrentamiento
donde participan el Gobierno central de Kinshasa (la capital),
ejércitos rebeldes locales, países vecinos
(como Uganda, Burundi y Ruanda), las potencias mundiales
y hasta las grandes corporaciones internacionales, en
lo que la ex secretaria del Departamento de Estado de
los Estados Unidos, Madeleine Albright, calificó
como “la primera guerra mundial africana”.
Según la agencia informativa Afrol News, la mayor
parte del coltan extraído (luego de ser acumulado
hasta subir los precios) tiene como destino los Estados
Unidos., Alemania, Bélgica y Kazajstán.
La filial de la compañía alemana Bayer,
Starck, es la productora del 50% del tantalio en polvo
a nivel mundial. Con el tráfico y la elaboración
están vinculadas decenas de empresas, con participación
en grandes corporaciones monopólicas de diversos
países.
La misma fuente revela que en las minas de donde se extrae
el coltan trabajan diariamente más de 20.000 personas,
bajo un sistema represivo organizado por las fuerzas militares
y los poderes locales de los bandos en disputa. Estas
pagan a los trabajadores unos diez dólares por
kilo de coltan (7,3 euros), que en el mercado de Londres
cotiza alrededor de 300 dólares (220 euros).
La fuerza de trabajo utilizada para obtener coltan está
compuesta fundamentalmente por campesinos que han abandonado
la producción agrícola por su baja rentabilidad,
prisioneros de guerra y miles de niños de la región,
cuyos cuerpos pequeños pueden fácilmente
adentrarse en las minas a ras de tierra.
Ante este panorama de saqueo y violencia, las Naciones
Unidas y la Unión Europea han planteado la posibilidad
de declarar un embargo sobre el comercio mundial del coltan,
algo que no se materializa debido al grave perjuicio que
acarrearía a la industria electrónica global.
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