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Washington, 14/7/2014, (Ecoestratregia).- Familias
de campesinos residentes en la zona de Petén, en
el norte de Guatemala, están viendo cambiar sus
vidas gracias a la producción de madera sostenible
de los bosques milenarios de cedro y caoba destinada a
la fabricación de las famosas guitarras de rock
Gibson Les Paul, utilizadas por estrellas como Carlos
Santana y Dave Grohl, de los Foo Fighters.
Estas familias trabajan las maderas de manera sostenible
–es decir, sin dañar el ecosistema- como
parte de concesiones para el manejo forestal en casi medio
millón de hectáreas de la Reserva de la
Biosfera Maya, que da cobijo a numerosas joyas arqueológicas
de esta civilización.
Organizadas en asociaciones y cooperativas, exportan
directamente a los grandes mercados de Europa, Norteamérica
y Asia productos certificados con el sello de “Madera
justa”, que garantiza un proceso forestal sostenible
y promueve un comercio equitativo para las comunidades
productoras.
Las propias comunidades han sido protagonistas de este
éxito. Tras mejoras introducidas por ellos mismos,
unas 600 familias rurales aumentaron sus ingresos en más
de un 40%, y consiguieron que se les pague el doble por
la madera que producen: de 1,80 euros hasta 3,10 euros
en promedio por pie tabla.
Tecnología ecológica
Los
actuales procesos de producción distan mucho del
trabajo casi rudimentario de hace un par de décadas.
Atrás quedaron la maquinaria y las sierras de los
años cincuenta, que implicaban altos costes de
funcionamiento y mantenimiento y mucho desperdicio de
madera.
De la mano de socios locales e internacionales, incluida
Rainforest Alliance, estas comunidades rurales optimizaron
sus procesos de producción y agregaron valor a
las maderas certificadas para atender mejor los mercados
globales. De hecho, parte de esta madera adorna casas
y jardines en España, que cada vez está
más interesado en productos de Madera Justa, como
afirma Spencer Ortiz, gerente de Forescom, empresa que
desde 2003 agrupa a cooperativas y asociaciones madereras.
Parte del secreto del éxito ha sido “aprender
bien el oficio”, aguzando el olfato empresarial
y gerencial de las comunidades. Tampoco vino mal una inyección
de capital para maquinarias, como afiladoras de sierra
y hornos, según relatan los líderes comunitarios.
“Ahora hay mucha riqueza de conocimiento en las
comunidades. Jóvenes que empezaron a trabajar en
los años noventa y ahora son técnicos en
el trabajo en el bosque, el trabajo administrativo y el
procesamiento de la madera”, explica Marcedonio
Cortave, director de la Asociación de Comunidades
Forestales de Petén (ACOFOP), instancia comunitaria
que ha procurado esas capacitaciones.
Conservación de biosfera

El beneficio no ha sido solo para las comunidades, sino
también para la conservación de la Biosfera
Maya, que se extiende desde el norte de Honduras hasta
el sur de México. Este paraíso ecológico
se encuentra amenazado por la tala ilegal y los incendios
forestales. Según datos oficiales, entre 25 mil
y 40 mil hectáreas de bosque tropical se pierden
cada año en algunas zonas del norte de Guatemala.
“La gente de las comunidades desarrolló
una enorme conciencia ambiental. Se trabaja en la prevención
de incendios y, cuando ocurre uno, la gente trabaja combatiéndolo”,
relata Cortave. “En este modelo, el Estado tiene
miles de guardabosques a quienes no debe pagarles, pues
les paga el bosque. Ellos cuidan el bosque”, agrega.
Con los ojos y oídos de la propia comunidad cuidando
sus medios de vida, las concesiones forestales han sido
barreras efectivas contra la tala ilegal en la Reserva
de la Biosfera Maya, pues han logrado reducir a menos
del 2% la tasa de deforestación en los últimos
15 años.
Más información en: http://www.acofop.org/
y http://maderajusta.org/
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